29 noviembre, 2025
Los que llevamos años cohabitando este mundo tenemos recuerdos de la mili, -servicio militar obligatorio-, actividad que desapareció hace muchos años, digo mal desapareció; digamos que quedó en suspenso. Esta experiencia en la que cada uno de los que la hemos vivido tiene su propia e insustituible historia personal, solamente se llega a la unanimidad de adjetivo en que se trataba de unos meses de conocimientos nocivos para la vida, escaqueo, supervivencia, consumos viciosos… salvo raras excepciones positivas como alfabetizar a parte de la población para erradicar el tercermundismo palpable.
El teórico sentido de la cuestión era el de preparar a los jóvenes del país para la defensa de un posible ataque o el ataque hipotético de los que tenían la potestad total de la nación para tomar decisiones invasoras o defensoras en épocas bélicas. Pero no, no se trataba de eso, esencialmente se trataba de lavar el cerebro de los débiles y controlar a la nueva ola que respiraba aires de libertad. No pienso entrar en detalles ni contar batallitas de mi experiencia. Pero recordar que los objetores de conciencia llegaron a la sociedad.
Digo esto porque acabamos de tener noticias de la vuelta a la mili, primero voluntaria -huele a obligatoria- a corto plazo en Europa y consecuente en España. Ya caminan por ese sendero Alemania, Bélgica y Francia….Esta noticia origina una reflexión. No parece cierto que podamos vivir de nuevo la repetición de la historia, pero lo es. El retroceso del ser humano es patente, muy tangible. Cuando la formación, el estudio y cultura, la filosofía y la convivencia de los hombres progresaba hacia un estado de vida democrática, con defectos pero democrática, el sentido sigue siendo primitivo, con la recuperación hermética de fronteras y poderes espurios del totalitarismo mundial. Esto se llama retroceso y no se debe considerar “nuevo orden mundial”.
Lo paradójico es que se reciba la noticia con cierto cachondeo, sobre todo por la juventud, quienes son los principales damnificados, incluso de alguna manera justificando esa posible forma de vida. La vida de las armas y de la guerra. En lógica natural las calles debería estar toda la juventud objetando por tales iniciativas que deberían haber desaparecido para siempre en cualquier ser humano de buena voluntad. NO a las guerras. Utilizar la fuerza de la razón y no permitir la razón de la fuerza. El fracaso total de los diplomáticos se demuestra al justificar la situación en base a una posible invasión Rusa. Eso suena en la historia de siempre escondiendo las verdaderas razones de la destrucción; que vienen los moros, el comunismo, los fascistas…
Ojalá tengamos desobediencia absoluta. Las armas solo sirven para matar a seres vivos, crear ruinas y alimentar al capitalismo insaciable, quién provoca su interminable espiral.
Lo dijo John Lennon en “Imagine”:
Imaginaos un mundo en paz.
Podéis decir que soy un soñador pero no soy el único
Alerta