Manuel Martín Barragán
Empresario y Profesor de Marketing
Es curioso observar como de forma recurrente y cíclica aparecen noticias de que hay que ayudar al comercio de proximidad. La mayor de las veces se realizan unos anuncios a los que solo les faltan las luces de neón ya que quienes los protagonizan son representantes de la política local, autonómica y hasta nacional, que de forma seria y contundente presentan la gran novedad de la temporada.
Al cabo de unos días todo queda en aguas de borrajas y la vida sigue con la apertura de nuevas grandes superficies. No se trata de estar en contra de éstas últimas, pero sí de esas supuestas ayudas al pequeño comercio que para lo único que valen es para dilapidar unas pequeñas o grandes cantidades de euros, que no sabemos si salen de los presupuestos de los famosos «Fondos Europeos» que parecen ser un pozo sin fondo.
Las grandes superficies, del sector que sean, disponen de muchos metros de exposición para dar cabida a unos productos que superan al pequeño comercio en la cantidad. Su iluminación y distribución parece esa luz que atrae a las polillas. Mientras, los comercios de proximidad solo pueden competir contra un único lineal, por espacio y presupuesto, aunque ganen por goleada en el trato personal hacia la clientela.
Cuando tratas de explicar al pequeño empresario la forma de salir adelante en su día a día, la barrera principal es la ubicación del local y el espacio disponible, sumado a la financiación y a la baja asistencia diaria a lo largo del año de una clientela que parece buscar el mejor precio posible y que solo se lamente cuando no queda más remedio que echar el cierre por poder afrontar los gastos que supone estar al pie del cañón.
Creo firmemente que las grandes superficies deben de estar a las afueras de las ciudades para que sea un esfuerzo el desplazarse a las mismas, pero que cuando lo hagas realices una compra lo suficientemente amplia que justifique ese viaje y que te compense económicamente. Es increíble que se vaya a una gran superficie a realizar la compra diaria o a comprar una barra de pan. Para eso están o deberían de estar los comercios llamados de «proximidad».
Ahora que entramos en la época del año más consumista, apoyemos decididamente a ese comercio entrañable donde nos atienden y asesoran en todas nuestras dudas. Donde también se pueden cambiar los regalos y donde el pago fraccionado no es un problema.