Juan del Val, el autor de Vera, una historia de amor, y Ángela Banzas, autora de Cuando el viento hable. Foto: XF
14 noviembre, 2025
¿Les suena lo de exoplaneta? Pues sí. Es uno que no pertenece al Sistema Solar; es decir: que orbita alrededor de una estrella que no es el Sol. No es un concepto muy antiguo. De hecho, el primero fue detectado en 1992 orbitando en torno al púlsar Lich. Pues bien. Este año, el Planeta literario que todos conocemos ha acabado convirtiéndose en un fenómeno distinto. El famoso galardón, uno de los más prestigiosos y mejor dotados del Mundo, que ha sido otorgado desde su fecha de nacimiento, en 1952, a alguno de los mejores escritores de la Historia (incluidos, como ya les comentábamos el pasado día 20, dos Nobel: Camilo José Cela y Mario Vargas Llosa), ha alcanzado este año unas dimensiones tan estratosféricas que más ha parecido que hayamos estado hablando de un megafenómeno pop (pienso ahora mismo, claro está, en esa figura a la que la revista Rolling Stone llama, simplemente y en perfecto castellano La Reina: Rosalía) más que de un acontecimiento literario…
Y es que, no por primera vez, pero sí con una suerte de mala leche astrofísica nunca antes vivida, una buena parte de los medios de comunicación se han despachado a gusto tanto con el ganador como con la finalista… No voy a relatar aquí a quiénes me refiero. Eso ya lo saben ustedes de sobra. Pero voy a intentar racionalizar el por qué. La primera de las razones es vieja como el mundo. Se llama envidia. He leído a un buen montón de escritores absolutamente mediocres echar sapos y culebras contra los galardonados. Y, ¡ojo al dato!, antes incluso de que las obras estuviesen impresas y distribuidas… ¡Vaya por Dios…! ¿Y de dónde sacaron la información para criticarlas…? ¿O todo fue por ciencia infusa…?

Juan del Val, Premio Planeta 2025
Una segunda razón, y esta es tan seria como conocida: en la mayor pate de los medios de comunicación no se leen las novelas… Los mismos encargados de hacerlo lo acaban confesando a la segunda copa. Existen notables excepciones, y estas sí que me voy a permitir citarlas: el diario catalán La Vanguardia, mediando su fastuoso y enriquecedor suplemento Culturas, el cultural del ABC (o el Diario de León; el día 20 también citábamos la labor ímproba de Alfonso García al frente del Filandón de ese medio, que llevó algún año el Premio al Fomento a la Lectura) y… los diarios gallegos… Es curioso, pero también es muy conocido por los propios escritores que en estos andurriales sí es costumbre dedicarle tiempo y espacio a la obra narrativa y a la cultura en general…
Y una tercera, y también muy obvia: el juego sucio de alguna que otra empresa que, por las razones que sea, son enemigos tanto del Premio Planeta como de sus extensiones mediáticas (léase Atresmedia)… O sea: con razón o sin ella, es buena cualquier excusa para ir en contra, y a matar, contra alguien al que, con toda seguridad, ni siquiera conocen. O que les cae mal… Cosa que les importa bien poco… Algo muy parecido a lo que se ha producido estos días en Catalunya contra Eduardo Mendoza (informaba vozpópuli del boicot contra él de los de Junts y adláteres respecto al proyecto de nombrar a la nueva Biblioteca Pública del Estado que se está construyendo junto a la Estación de Francia con su nombre) y contra David Uclés, un fenómeno del que la mayor parte del mundo civilizado aún no tiene constancia, pero que les juro que la tendrá en breve, y universal, y sobre el cual otro señor de Junts llamado Francesc de Dalmases ha protestado a TV3 por haberlo entrevistado, ya que esa cadena sólo debería entrevistar a autores catalanes… Por cierto: Uclés es columnista de La Vanguardia, fue el autor más solicitado por los libreros catalanes el pasado Sant Jordi, y ha estado ligado a Barcelona desde que la Unesco y la Ciudad Condal le concedieron, de joven, una beca para hablar del enclave… Aunque todo esto tampoco es nuevo. ¿Recuerdan cuando el ex ministro francés Manuel Valls, que se presentaba entonces a la alcaldía por Ciudadanos, propuso que el barrio de Sarriá homenajease a Vargas Llosa por haber vivido allí muchos años…? Quedó en nada, claro…
Pero, vayamos al grano. Y brevemente. Como ya saben de sobra, Juan del Val se alzó ganador del Planeta 2025 con Vera, una historia de amor. Y Ángela Banzas fue finalista con Cuando el viento hable.

Angela Banzas
Juan ha seguido un concepto que, parafraseando al bueno de Hergé y a sus héroes Tintín y Milú, llamaremos línea clara… Lo conocemos desde aquél ya lejano Lo inevitable del amor, escrito con su mujer, Nuria Roca. Más tarde vendrían otros, y cada vez mejores, como el que llevó, muy justamente, el Premio Primavera de Novela 2019, Candela. He defendido siempre esta hermosa joya, a la que una sola frase definiría perfectamente: “Tengo estrías, celulitis y una perra fea que se llama Chelo. Al principio era bonita, pero cuando creció se le ensanchó el culo. Lo mismo que me pasó a mí, salvando las distancias…” Y luego, en 2023, vino Bocabesada… Y ahora ésta… “Una historia de amor entre dos personas muy distintas, respecto a condición social, edad, sitio de donde vienen… y otro tipo de amor: entre hermanos, por ejemplo… o amor entre madre e hijo… muchas formas de amor en una historia de amor… esto es lo que yo quería contar: Vera, al conocer a Antonio, acaba conociéndose a sí misma…” Ocurre en Sevilla (sobre todo en el Arenal), una ciudad siempre fascinante. Y el aburrimiento de un matrimonio de señoritos de clase altísima y que inducen a una separación… Vera conoce a Antonio, un tipo encantador… Y un crimen movido por los celos… Una historia, en fin, producto del conocimiento exacto y profundo de la condición humana…
Ángela ha escrito una joya absoluta con un aroma innegable a Clásico con letra mayúscula. Una herencia absolutamente lógica de mitos como Cumbres borrascosas o Los pazos de Ulloa… Algo que pasa en la posguerra, en Compostela, en el Hospital Real (lo que luego será el Hostal dos Reis Católicos). La protagonista es Sofía, una niña nutrida por el desamparo y el dolor, y cuya única defensa posible es una prodigiosa imaginación que será no sólo su salvación, sino la de otra enferma que está peor que ella, su querida amiga Julia, y la ayuda de un outsider, Daniel… Y, alguien que es el demonio en persona: el coronel Vallejo…
Una obra maestra e imprescindible de alguien que ya se había coronado antes con la hermosísima El silencio de las olas…
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