15 junio, 2025
En la madrugada de ayer, viernes, Oriente Medio despertó a una operación militar sin precedentes en décadas. Israel ha iniciado una ofensiva aérea de gran envergadura contra múltiples objetivos estratégicos en Irán, incluidos centros nucleares y bases militares, en lo que muchos analistas califican como un punto de inflexión en la larga rivalidad entre ambos países. La acción, denominada «Operación León Ascendente», representa uno de los mayores despliegues militares israelíes desde su fundación en 1948.
A las 02:58 hora local, aviones de combate israelíes recorrieron más de 1.800 kilómetros para golpear, entre otros objetivos, la planta de enriquecimiento de uranio en Natanz, instalaciones de desarrollo de misiles y sedes del alto mando del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI). La ofensiva fue apoyada en terreno iraní por operativos del Mosad, según diversas fuentes de inteligencia.
Teherán reaccionó horas después con una andanada de misiles balísticos y drones, causando víctimas en suelo israelí —tres fallecidos y decenas de heridos— y declarando el ataque una “agresión directa que equivale a una declaración de guerra”. La respuesta llegó tras un complejo bombardeo inicial en el que participaron alrededor de 200 cazas y se habrían alcanzado más de 100 objetivos repartidos por todo el país persa.
Según cifras proporcionadas por medios iraníes, los ataques habrían provocado la muerte de unos 78 efectivos, incluidos altos mandos del CGRI y científicos relacionados con el programa atómico. Entre ellos, destacan nombres clave como el jefe del Estado Mayor iraní, Mohammad Bagheri, y el comandante de la fuerza aérea del CGRI, Amir Ali Hajizadeh. El líder supremo iraní, el ayatolá Alí Jamenei, calificó los hechos como «un crimen imperdonable» y prometió «una respuesta contundente».
La operación israelí, pospuesta en varias ocasiones, habría estado en preparación desde abril. Fuentes de seguridad citadas por la prensa israelí aseguran que la aceleración del programa nuclear iraní tras la muerte de líderes vinculados a Hizbulá motivó el adelanto de la ofensiva. «El tiempo se agotaba», declaró el jefe del Estado Mayor israelí, Eyal Zamir. «Cuando un enemigo manifiesta abiertamente su intención de destruirnos, no hay espacio para la pasividad».
La acción ha puesto de manifiesto el alto grado de penetración del Mosad en territorio iraní. Según informes no oficiales, drones explosivos fueron lanzados desde bases encubiertas dentro de Irán, y se habrían empleado vehículos infiltrados para inutilizar defensas antiaéreas antes de los bombardeos. Las capacidades defensivas de Irán, ya mermadas tras un ataque israelí el pasado mes de octubre, se mostraron insuficientes ante el ataque coordinado.
La reacción internacional ha sido dispar. Mientras Washington habría dado luz verde implícita a la operación, el resto de potencias ha llamado a la contención. La región, por su parte, permanece en máxima alerta, y el espacio aéreo israelí fue cerrado temporalmente tras la ofensiva, paralizando vuelos en el aeropuerto de Ben Gurion.
La ofensiva israelí se enmarca en una doctrina de seguridad de largo recorrido: impedir que actores hostiles en su entorno accedan a armas nucleares. El primer ministro Benjamin Netanyahu, que ha hecho de la contención del programa atómico iraní una prioridad desde sus primeros mandatos en los años noventa, sigue así la línea marcada por anteriores gobiernos en Irak (1981) y Siria (2007), aunque la magnitud del desafío actual supera ampliamente los precedentes.
En paralelo, Hizbulá, el principal aliado regional de Irán, atraviesa un momento de debilidad operativa, y aunque ha condenado el ataque, ha evitado anunciar represalias inmediatas. Esta postura refleja, según expertos, un cambio en el equilibrio de poder en la región.
Israel lleva años destinando recursos millonarios a la preparación de este escenario. Entre 2022 y 2023, el Gobierno israelí aprobó un presupuesto específico de 1.300 millones de euros para reforzar su capacidad de intervención frente a amenazas nucleares. “Nuestro futuro no puede depender del miedo a una bomba nuclear en manos de quienes buscan nuestra destrucción”, escribió el ex primer ministro Yair Lapid. “Ni hoy, ni nunca”.
Alerta