Imagen desolación por la Dana
17 noviembre, 2025

Periodista – Director «Diario de Vigo»
La comparecencia del presidente en funciones de la Generalitat Valenciana, Carlos Mazón, en la comisión de investigación del Congreso sobre la tragedia de la DANA, no ha sido la asunción de responsabilidades que muchos esperaban. Por el contrario, ha parecido el acto final de una estrategia de defensa bien ensayada, que se basa en un pilar único: la ignorancia de la magnitud de la catástrofe y la supuesta falta de información.
La mañana ha sido tensa, marcada por el cruce de acusaciones y las réplicas airadas de la oposición, especialmente la del diputado de ERC, Gabriel Rufián, que llegó a calificar a Mazón de «inútil, mentiroso, incapaz, homicida» y le deseó que «ojalá pague con cárcel». La dureza del lenguaje parlamentario, reflejo de la indignación de las familias, ha sido respondida por el President con el argumento recurrente: «Nadie era consciente de la magnitud. Nadie sabía que la gente se ahogaba».

Carlos Mazón, en la comisión de investigación por la Dana, Congreso de los Diputados. Madrid, 17 noviembre 2025
La clave de la comisión sigue girando en torno a la ausencia de Mazón durante las horas críticas del 29 de octubre de 2024. Mientras se ahondaba en la tragedia y el barranco del Poyo desbordaba, Mazón se encontraba comiendo con una periodista en el restaurante El Ventorro.
Su defensa de que «no estuve ausente» choca frontalmente con los datos revelados: llamadas canceladas a la jefa de Emergencias, Salomé Pradas, y un prolongado silencio en las comunicaciones que el propio Mazón ha justificado alegando que, tal vez, tenía el móvil guardado en la mochila. Un argumento que, en el contexto de una alerta roja, suena a excusa inverosímil para un líder autonómico.
Para contrarrestar las dudas sobre su gestión personal, Mazón ha reiterado su tesis del «apagón informativo». Según su versión, las agencias dependientes del Gobierno central, como la AEMET y la Confederación Hidrográfica del Júcar (CHJ), no proporcionaron la información adecuada sobre caudales.
Sin embargo, esta versión fue desmentida de manera «categórica» por el Ministerio para la Transición Ecológica, que ha aportado datos y avisos emitidos en tiempo real por el Sistema Automático de Información Hidrológica (SAIH), demostrando que el sistema estaba plenamente activo.
La insistencia de Mazón en culpar a las agencias estatales se presenta como un intento de externalizar la responsabilidad y desviar el foco de la inacción y la falta de previsión autonómica. Es la defensa de quien, enfrentado a una tragedia que superó todas las previsiones, opta por la coartada de la ignorancia.
Mazón ha afirmado ser «el único que ha hecho autocrítica», aunque esta se limita a reconocer que la Generalitat no estaba preparada para una emergencia de «la envergadura que terminó teniendo». No obstante, la oposición le ha reprochado la condecoración a sus escoltas pocos días después del desastre, un gesto interpretado como un premio a la lealtad en medio de la crisis, en lugar de un foco en las víctimas.
La comparecencia de Mazón en el Congreso ha sido, en esencia, una repetición de su versión de los hechos, con el presidente valenciano atrincherado en la dificultad de prever lo imprevisible. Pero la política, y la responsabilidad, no se miden solo en la previsión, sino en la capacidad de reacción y, sobre todo, en la asunción de la responsabilidad moral y política por una gestión que, a ojos de muchas familias, se resume en una única y dolorosa palabra: ausencia. No tan solo por parte de Mazón, sino también del Gobierno de España, que debió activar la Alerta Máxima y hacerse cargo del operativo de emergencias dada la magnitud del desastre que produjo una gran tragedia para las victimas y los familiares que hoy lloran y piden justicia por la negligencia de los gobiernos valenciano y de España, de Mazón y de Pedro Sánchez.
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